domingo, 10 de junio de 2018

Paralelos


Mucho ha llovido ya desde que ella lo dejó. Él nunca ha tomado en serio la cantinela de que "tú me dejaste a mí mucho antes" aunque por momentos comprende que ella tiene algo de razón.

Estos últimos cuatro años han transitado los dos por un recorrido lleno de recodos, a veces soleado y agradable pero más a menudo lleno de espinas, hielo y terribles sombras. Han andado en solitario, paralelos en el mismo camino  pero mirándose poco a los ojos y dándose las manos en las contadas ocasiones en que uno de los dos resbalaba y caía al suelo, momento en que el otro le retiraba amorosamente la gravilla enganchada en el trasero. También se han ayudado a cruzar por lugares extraños, escalando torpemente algunas veces o atravesando riachuelos helados que él se entestaba en cruzar empapándose los zapatos.
A menudo el camino se desdoblaba y andaban solos hasta que se volvían a cruzar.
Han subido cuestas y montañas, atravesado pequeños desiertos y horribles llanuras inacabables. También han reposado en algún hermoso claro de bosque y curado las ampollas en los pies con agua fresca en el rio.
Siguen andando y andando. Las manos en los bolsillos. La vista puesta en el suelo por muchos ratos. Imposible sincronizar sus miradas: cuando uno hecha la vista atrás el otro sigue de frente, cuando uno se ilusiona en el horizonte el otro se entesta en mirarse los pies. Sin embargo han existido pequeños instantes en que ambos han dirigido la vista al norte y entrelazado las manos caminando al mismo ritmo, animándose y hasta riéndose. Pero son instantes que duran poco. Siempre se aparece una piedra que hace que él tropiece o una rama espinosa que se enzarza en el brazo de ella.
Hoy mismo él se pregunta si no serían capaces de poder ver antes las piedras y las zarzas para apartarlas cuidadosamente y seguir andando en paz. Se pregunta también cómo es posible que sigan andando cuatro años sin rumbo definido pero aún juntos, sin tomar uno de los dos otro camino distinto en los centenares de cruces por los que han transitado. No se lo han hablado. No se decían nada al llegar a un cruce; simplemente se miraban de reojo y algunas veces él y la mayoría ella se decidían por una dirección sin mayor criterio a la que el otro se encaminaba también sin pensar.O tal vez pensando.

Y así siguen hoy. Y se preguntan si quieren andar juntos y se responden que sí. Y se preguntan si se sienten acompañados y aún pasando por extrema soledad se responden también que sí. Y se preguntan por qué no se ponen una meta clara y por qué motivo no se impone la alegría y el abrazo en su andar y no tienen respuestas, o sí, tal vez cada uno tiene las suyas, que no consigue compartir con el otro, y se preguntan también si querrían caminar con otra persona y se responden que no.

Sintiéndose algo sísifos quieren ambos volver a disfrutar del camino, como antes, como siempre. Pero aún no saben cómo. Tal vez el universo les ha presentado la prueba brutal que si consiguen atravesar con éxito su recorrido volverán a darse las manos y a sonreír. Tal vez. No lo saben aunque ambos lo desean. Quieren dejar ya este tránsito pesado y agotador pero aún en la tentación del cruce de caminos siguen en paralelo, juntos. Tal vez esperan una señal, algo que los convenza de algo. Pero no saben que las señales no existen en este páramo y que deberán construirlas ellos. ¿A qué esperan? ¿Recodarán aún que la sonrisa de uno alimenta a la del otro? ¿Y que leer sutilmente la felicidad en los ojos del compañero es premiado con una caricia en el alma?

Preguntas del Sr Vidal



Acurrucado en el sofá repara en que ya terminó el film que hacían por televisión. No está seguro de si se quedó dormido un rato o anduvo ensimismado en sus pensamientos ajeno a todo pero el hecho es que no terminó de ver la película y ahora siente un leve desconcierto.
El señor Vidal, como le llaman en el trabajo, se ha pasado el sábado entero tirado en el sofá con la televisión encendida, sin comer, sin beber, sin atender las molestas llamadas de teléfono de su exmujer, sin cambiarse de ropa ni asearse con la idea fija de no hacer nada y de intentar no pensar. Sin embargo su mente hoy ha divagado más de lo debido. Intentando llegar a ideas claras no le han surgido más que tremendas dudas.
Ya desde niño, Julián se preguntó por el sentido de todo, por el objetivo de su vida y el camino que debía recorrer, por la felicidad y la tristeza, por el bien y el mal. Hoy también ha divagado sobre todo ello pero sus conclusiones parecen  más angustiosas que nunca.

Julián Vidal. Sesenta y seis años. Gerente de una pequeña empresa familiar textil que poco a poco se ha ido viniendo a pique. Pensaba jubilarse hace un año pero el gobierno se lo impidió y ahora enfrenta al menos un par de años más de trabajo sin ganas ni ideas.
Julián Vidal. Ex marido de Olga, que le abandonó hace doce años tras veinte de matrimonio llevándose con ella la mitad de sus tristes ahorros, su apartamento recién pagado y la mitad del amor de su hija Cinta.
Julián Vidal. Padre de Cinta a la que no sólo ama sino que adora y que ahora vive expatriada -dice ella- en un lejano país africano trabajando para una multinacional petrolera y a la que ve sólo por navidades y contados días de verano.
Julián Vidal. Hermano de Simon, alcohólico y putero empedernido que ha dilapidado su vida entre las barras de bar de tugurios del Raval y las casas de putas más tristes tras la muerte de su hijo Albert en accidente de tráfico y que aún puede mantenerse gracias a la indemnización millonaria.
Julián Vidal, ex niño prodigio en el liceo dónde las teclas del piano eran extensión de sus dedos.
Julián Vidal, gerente triste de su empresa en la que no supo nunca hacerla progresar adecuadamente por su terrible manía de sentir compasión y querer ser correcto y en la que nunca fue despedido por el amor incondicional de la propiedad por él.
Julián Vidal, antiguo joven rebelde que creía en la gente, la democracia, el amor y la bondad, que viajó por el mundo de mochilero atendiendo cuantas necesidades femeninas de todas las razas y culturas se le acercaron, curioseando y amando cuantas visiones distintas se le ofrecieron, investigando el sentido de la existencia en los distintos caminos que recorrió.
Julián Vidal, ex estudiante de derecho convencido en la lucha de clases, la solidaridad entre las personas, la libertad y la justicia social y que nunca pudo trabajar de abogado en estas lides y hubo de conformarse para mantener a su familia con el trabajo de gerente de algo que no le importaba lo más mínimo pero a lo que dedicó su vida laboral.
Julián Vidal, acuciado por deudas que nunca podrá pagar y que desconoce solución a su situación.

Se levanta del sofá para dirigirse a la cocina y servirse una copa de vino tinto, consuelo a la tristeza y desgana que le embarga. Absorto en sus ideas derrama parte del vino sobre la encimera de la cocina aunque no se detiene a limpiar el estropicio y vuelve a sentarse de nuevo en la sala fijando la mirada en un anuncio de Audi donde un joven triunfador pasea con su auto por diversos parajes alardeando de su juventud, belleza y éxito.

Julián se vuelve a hacer las preguntas de siempre a las que nunca tiene respuestas: por qué la bondad en el hombre es una debilidad?, por qué nuestra sociedad considera el triunfo sólo en relación al éxito económico?, por qué los seres duros, crueles y despiadados tienen muchos más números para vivir felices y ser exitosos que los demás?, por qué los actos bondadosos son considerados como incompetencia, debilidad o atraso?, por qué los humanos no nos determinamos a trabajar duro por la felicidad de nuestros semejantes?, que hace que el mundo obligue a que la felicidad sólo se consiga a través del servilismo?, por qué motivo no somos capaces de rebelarnos y construir una sociedad con recursos para todos en igualdad?, por qué los humanos nos vendemos al mejor postor y priorizamos nuestro bienestar por encima del de nuestros semejantes existiendo recursos de sobras para que toda la humanidad viva más que dignamente?, qué hace que las personas acepten ser esclavos de un sistema que reconocen injusto?, cómo puede ser que no nos demos cuenta que la masa humana es mucho más poderosa que el sistema que beneficia unos pocos?, por qué la sociedad nos obliga a adorar a ídolos de cartón que no aportan nada?, por qué motivo el amor no es el máximo exponente de nuestros esfuerzos?, qué sentido tiene el esfuerzo diario de millones de personas por progresar en un sistema que se orienta a la esclavitud?, por qué las personas vivimos en un túnel económico del que no podemos salir y se convierte en eje de todo cuando el centro del universo debería ser el amor?, por qué la tecnología, las matemáticas, la ciencia y demás avanzan para servir a las sombras y no a la felicidad de los miles de millones de humanos?, por qué el mundo me cataloga a mi como un ser insignificante y al dueño de Amazon como un visionario que hace avanzar la humanidad?, por qué motivo es más importante inventarse un nuevo algoritmo para una web revolucionaria que ofrecerse a ayudar a tu vecino enfermo?, por qué la humanidad se cree que el coaching, la psicología positiva y demás artes son bondadosas y surgieron para mejorarnos como especie?, por qué las investigaciones en medicina se orientan a mejorar la rentabilidad y no la salud?, por qué nos obligan a formar parte de un sistema del que no podremos escapar, poco a poco, sibilinamente, desde la infancia?

Son preguntas que a Julián le parecen tontas aunque sabe que són profundas, poderosas.
Tiene la vaga esperanza que el ser humano va a progresar como especie para situarse en un período de tres o cuatro siglos en una situación distinta, de igualdad y fraternidad entre todos las personas, haciendo de la tierra un lugar armonioso y feliz. Pero se trata de una esperanza vaga. La historia le enseña que pese a los increíbles avances de la humanidad,  esta siempre se ha regido por las ansias de poder de unos pocos que han masacrado o bien como recientemente hacen, manipulado a sus semejantes para seguir en el poder y sojuzgar a los demás.

Julián piensa tanto en ello que ha llegado a escribir un libro de preguntas que jamás se publicará. Su hija, la expatriada, se ríe de él por su ingenuidad absurda y le conmina a enfrentarse a la realidad tal cual es. Pero Julian se rebela y no quiere vivir más en un mundo de mierda donde sólo se premia la maldad. A menudo decide que ya está harto pero se encuentra sin herramientas de rebelión. Qué puede hacer?

El señor Vidal termina de pasar el sábado acurrucado en el sofá. De vez en cuando hecha el aliento a los cristales de las gafas y los limpia con la camiseta de las olimpiadas de Barcelona que aún resiste los embates de la lavadora. Cuando se coloca de nuevo las gafas por unos instantes siente que todo se clarifica  aunque es consciente que se trata de un pequeño ritual personal para convencerse por unos segundos de que el mundo no es un lugar tan sucio. Obsceno.

Se acomoda mejor sosteniendo los cojines con armonía. Cambia de canal una y otra vez hasta que fija su atención en un programa documental donde un tipo se dedica a intentar sobrevivir en una zona desértica, alimentándose de alacranes, tomando agua de los cactus y fabricándose una rudimentaria cabaña con unos arbustos.

jueves, 17 de mayo de 2018

Romper el marco



Tras dedicar buena parte de la mañana del sábado a limpiar y poner en orden su hermoso dúplex finalmente se sentó sin pensar demasiado en lo alto de las escaleras. Con los codos en las rodillas, dejó posar su cabeza en las palmas de las manos sin fijar la mirada en ningún lugar concreto.

Una leve inquietud se revolvía en su interior. Una supuesta búsqueda de paz y estabilidad incomodaban sus pensamientos. Sin duda, la perspectiva de una nueva mudanza, los cambios a nivel familiar que se avecinaban, la voluntad secreta de compartir con alguien y mucho más se arremolinaba en su mente creando una situación de cierto desasosiego preguntándose con un leve lamento cuando definitivamente iba a conseguir la ansiada paz y estabilidad del toro.
No era un pensamiento nuevo, tampoco demasiado agresivo aunque sí lo suficientemente recurrente como para convertirse en tóxico y situarla en cierto halo de negatividad, por que ya se sabe que una idea oscura atrae otra igual o peor que se suma a la anterior formando de la nada con ahínco nubarrones cada vez más densos que sin explicación lógica súbitamente amenazan con temporal.
Sumida en esa pequeña espiral interior de repente fijó la mirada en su cuadro favorito, aquél del que se había enamorado en un corto pero intenso viaje y no tuvo más remedio que regalarse.
Un globo de color rojo sobrevolando los tejados de una pequeña ciudad, queriendo salir del cuadro, rompiendo el marco que atrapaba la tela.
Lo observó largamente analizando cada línea, buscándose a sí misma en el lienzo y comprendiendo definitivamente que su espíritu estaba allí pintado, en ese globo fantástico, supuestamente frágil aunque determinado, obstinado y definitivamente fuerte; tanto como para literalmente romper el marco que lo apresaba y escapar del cuadro, no para huir, sino para avanzar y descubrir ilusionado nuevos lugares. Un globo viajero repleto de un gas que nunca iba a huir de él y que le proporcionaba energía eterna para sobrevolar hasta el infinito.
Vio con claridad cómo el marco del cuadro definitivamente se quebraba liberando al globo y cómo este era ya totalmemte libre para disfrutar de nuevos paisajes. Una sonrisa instantánea se apoderó de ella difuminando en un instante la pequeña borrasca. Un sol primaveral en un cielo azulísimo le iluminó el corazón y una súbita energía la levantó de inmediato dispuesta a salir de casa para dar un paseo, disfrutar de cada paso, de cada sorbo de aire y latido.

Antes de cerrar la puerta de casa ensayó con fe ante el espejo alguna de las posiciones de poder de Amy Cuddy de las que alguien le había hablado alguna vez y vestida con una fuerza renovada salió a descubrir de nuevo su ciudad, a mirar los lugares y personas cotidianas con una nueva perspectiva, a disfrutar cada segundo con una sonrisa, ilusionada por nada y por todo, orgullosa de quien era, mucho más consciente que la felicidad no es un estado eternamente buscado sino más bien una actitud cotidiana, una mirada honesta repetida con convicción a cada paso, sincronizada con cada latido del corazón de alguien que se siente libre, fuerte, cargado de aprendizajes de media vida y dispuesto a apoderarse con fuerza de la otra media restante.

martes, 13 de marzo de 2018

Maria, gestora de recobros



Soy Maria. Nací en Ecuador pero me vine a Barcelona con sólo dos añitos. Aunque mis papás me rodearon de la familia de Guayaquil en Barcelona y me llevaron sistemáticamente a la iglesia para intentar rodearme exclusivamente de personal sudamericano adicto a los discursos exorcizantes del señor Braulio , pastor del barrio de la Florida en mi amado Hospitalet de Llobregat; aunque mi familia intentó apartarme de los extraños catalanes con los que conviví en la escuela y instituto; aunque no probé el pà amb tomàquet hasta los diecisiete no consiguieron que yo me sintiera ecuatoriana. 
Hoy día soy una mujer barcelonesa moderna, de treinta años, dueña de mi vida y destino. Vivo en un apartamento con mi amiga Lucía y soy feliz.
He trabajado en mil lugares aunque mi destino profesional me lo estoy labrando en mi actual empresa (Hijolagranputix S.A) donde desde hace siete meses soy la trabajadora número uno. Me siento valorada, apreciada y muy mimada por mi jefe, Xavi, un cuarentón de muy buen ver que, aunque casado, insiste en llevarme a comer cada jueves a la marisquería Ridalba, acaso pensando que debo ser algo tonta y no capto que se me quiere follar desde hace tiempo. Ciertamente Xavi me atrae y sé que el dia menos pensado me lo llevaré a mi apartamento para mostrarle mi flor pero el hecho que esté casado me desdibuja un poco el deseo.

Mis padres esperaban que yo me fijara en algún pardillo de la iglesia pero viendo los tristes pelagatos que me acechan allí se me pasan las ganas de acercarme: pintores, obreros de la construcción, ayudantes de almacén… todos ellos muy educados y vestidos con traje el domingo, por cierto, trajes que les vienen grandes y no entallados como los de Xavi.
Yo quiero algo mejor. Soy una mujer bella, con un cuerpo de infarto. Voy al gym tres días por semana y he conseguido tener un culo espectacular, de aquellos que los hombres miran de reojo sin poder apartar la mirada aunque vayan con su esposa de la mano.

Ingresé en la universidad cuando me tocaba pero los estudios de pedagogía a los que accedí no me gustaron y al segundo año me olvidé de la formación para trabajar de azafata en la Fira de Barcelona dónde cobraba un buen salario de día y un verdadero pastón de noche cuando acompañaba a los clientes a cenar; ojo, sólo a cenar. Bueno, menos con Toni. Con él hubo algo más. En fin, bastante más. Tanto que terminé locamente enamorada de ese hombre guapo y elegante que se dejaba caer por Barcelona un par de días al mes, esos en los que yo me sentía una reina cenando en los mejores restaurantes y durmiendo en los hoteles más in, todo ello regado con mucho cava y enharinado adecuadamente. Sin embargo Toni tenía mujer y hijos en Madrid y nunca hizo el más mínimo ademán de prometerme nada. A él ya le iba genial con tenerme para follar y salir de fiesta -en este orden-  un fin de semana al mes; supongo que eso le ahorraba el trabajo de tener que buscarse la vida en su fin de semana habitual en Barcelona. Por dignidad terminé esa relación cuando me sentí preparada y por qué no decirlo en los brazos de un nuevo hombre, este más joven e inexperto aunque absolutamente genial. Con Daniel salía a la montaña, iba a museos y conciertos de lo más estrambóticos. Él se negó siempre a ir a alguna de mis discotecas favoritas y no quería saber nada de mis amigos de siempre. Sus palabras eran: "son una pandilla de garrulos" y respecto a las discotecas latinas ladraba algo así como "son antros de putiferio, drogas y música inaguantable". Como deberéis suponer, pasada la emoción inicial, terminé dejando a Daniel para echarme a los brazos del destino, que no me tuvo nada reservado en mucho tiempo hasta conocer a Xavi, con el que quiero ir poco a poco para que no piense que se me puede tirar cuando le venga en gana.

En mi empresa me dedico al trabajo telefónico. Soy gestora de recobros. Básicamente me dedico a intentar cobrar deudas que particulares morosos tienen adquiridas con los bancos. Hijolagranputix S.A compra los datos de clientes de bancos que tienen en algún momento sus cuentas bancarias en negativo y nosotros los apremiamos a que solucionen su situación. Es un trabajo delicado que precisa de mucha psicología y don de la palabra. Como gestora principal he desarrollado mi propio método para conseguir que el cliente salde su deuda o regularice su cuenta. Me dedico a investigar su perfil y le llamo desde distintas líneas para que no identifique nuestra empresa. Puede que piensen que es algo pesado que les llame unas doce o veinte veces diarias si no me atienden el teléfono pero forma parte del método que he desarrollado y que me funciona genial. Los llamo una y otra vez y si no me atienden les dejo un mensaje en el contestador. Con clientes que no reaccionan a mis llamadas no me queda más remedio que decirles que el banco dejará de pagar en breve sus domiciliaciones y tal vez se encuentre con que le cortan la luz o el agua, o que vamos a incluirle en las listas oficiales de morosos o otras tantas historias -algunas falsas, debo reconocerlo- que provocan que muchos de ellos recapaciten y solucionen su problema, hecho que me conlleva comisiones extra que me hacen verdaderamente feliz. De hecho, pese a dudas iniciales cuando empecé en la empresa, me convencí rápidamente que trabajo en algo bueno y positivo. Aporto seguridad a los bancos que sustentan nuestra sociedad y ayudo a que las personas sean más responsables con sus obligaciones. 

La semana pasada llegó a mi mesa la situación de una persona muy amada por mí; mi tío Raúl. Anduve unas cuantas horas meditabunda acerca de si debía pasar el expediente para alguna compañera, si debía avisar a mi tío extraoficialmente o si directamente debía ponerme manos a la obra y llamarlo sin identificarme.  Consulté mis dudas con Xavi y él me conminó a pasar el expediente a Doris, la maldita venezolana que me pisa los talones en mi récord mensual de recobros. Lógicamente no lo acepté y me marqué el reto de trabajar con mi tío Raúl pese a los lógicos reparos iniciales. Para convencerme a mi misma me dije -refugiada en el baño y mirándome a los ojos-: eres María, una chica triunfadora; alguien que se supera cada día y logra sus objetivos, alguien que desea que el mundo sea mejor, una persona decidida, buena, que quiere llegar a lo más alto, auténtica, libre y feliz, capaz de vencer cualquier obstáculo y trampa para llegar a ser la mujer que el mayor triunfador desearía a su lado.

Finalmente inicié el proceso con mi tío, sin miedos, con la intensidad y seguridad de siempre. A decir verdad, puse todavía más empeño con él  que con cualquier otro cliente (tiene gracia que les llamemos clientes) y ciertamente todo parecía ir sobre ruedas hasta que Raül, supongo que sabedor de mi profesión y atando cabos, me reconoció. Fue un momento tenso que conseguí resolver pasando de puntillas sobre sus quejas y lamentos pensando que le estaba convenciendo. Sin embargo, no fue así. Raül empezó a lanzarme de repente todo tipo de improperios que iban subiendo de tono con el devenir de la conversación y a los que yo respondía con el silencio. Sin duda yo informé  al inicio de la llamada a mi tío que la conversación seria grabada así que me dediqué a escuchar con parsimonia  plenamente consciente que yo tenía la sartén por el mango y aprovechando sus pausas para aplicar el protocolo establecido en el que le informaba de las consecuencias de faltar a sus compromisos para con el banco y lo que podía terminar resultando: embargo, congelación de cuentas, introducción en la lista de morosos, denuncia o en último término desahucio. Tras los graves insultos mi tío empezó a sollozar recordando el triste fallecimiento de mi prima tras la larga enfermedad por la que él ciertamente se había endeudado más de lo debido y en ese instante tuve un pequeño instante de decaimiento, de difuminar mi profesionalidad para empatizar con él; pero por fortuna Raül volvió súbitamente a los insultos más graves y humillantes que los anteriores, hecho que me recompuso en mi afán de hacer bien mi trabajo. Nuestro protocolo dicta que cuando las groserías llegan a cierto extremo debemos avisar al cliente que vamos a colgar y que podemos cursar una denuncia a los mossos d'esquadra. El aviso no amilanó a Raül y tuve que colgar y enviar la grabación a Xavi para que la denuncia cursara con normalidad.

Viéndolo ahora en perspectiva tras una semana reconozco que se trata de mi instante profesional más duro. Lo pasé realmente mal. Pero también debo reconocer que lo hice bien, con absoluta exquisitez diría yo, sin agobiarme y aplicando en cada momento el comentario y el tono de voz adecuado. Xavi me felicitó con efusividad y me elogió delante de todas mis compañeras augurándome un futuro profesional sobresaliente. Creí que su alegría se trasladaría a nuestra comida semanal en la marisquería pero extrañamente me ha dado evasivas dos jueves consecutivos, algo que no había hecho nunca. ¿Se habrá interesado por otra?

sábado, 18 de noviembre de 2017

Cosí Cosá



Acostumat com estava a passejar tot sol pel camí de ronda no va parar atenció a la dona que caminava al seu costat seguint exactament el seu ritme erràtic. Petjada a petjada anava apartant amb cura les petites pedres del camí amb lleugers tocs de peu tot fent-les rodar a banda i banda del sender. Algunes queien rodant pels penya-segats i altres lliscaven entre les males herbes quedant atrapades en alguna botja. Interiorment es feia apostes per endevinar si la pedreta cauria a l'aigua o al damunt de les roques tot i que mai en treia l'entrellat.

Cada dissabte des de feia tres anys es dedicava a fer el mateix recorregut a trenc d'alba. En silenci. Amb sol o amb pluja, fred o calor. Res no hi havia tan estable a la seva vida com la seva passejada setmanal.
Mai no es va preguntar per què va triar aquest camí ni el motiu de repetir-lo cada dissabte. Simplement es llevava a quarts de sis i s'hi dirigia sense gaires cabòries. Hi deambulava més que passejava fins a les dotze del migdia, moment en que feia cap a la seva caleta secreta, sempre buida, minúscula, amagada rere uns immensos pedrots de difícil pas que pocs caminants s'aventuraven a vorejar i sense pensar-s'ho s'estirava al estret espai de sorra amb els peus nus abraonant-se a les mediterrànies aigües ja fossin d'estiu o d'hivern.

Però aquell dia no va jeure sol al seu espai secret i sagrat. La dona que l'havia acompanyat jeia allà amb ell, al seu costat. I l'observava amb expressió seriosa clavant-li els ulls a l'ànima, copsant els seus petits moviments de dits acaronant la freda sorra, compartint l'agradable vaivé de l'aigua i la remor subtil de l'aire fugint entre el rocam del penya-segat. Tots dos en silenci van anar acompassant les seves respiracions sense adonar-se'n. Ell no n'era conscient però aquella dona era capaç d'escoltar els seus desitjos, les seves pors i angoixes amb una veu claríssima i roent; tant roent que finalment ella el va prendre de la mà suaument per tal de fer-li notar la seva presència. Sense esglaiar-se, Bernat es va girar cap a ella i va contemplar-la durant llarga estona adonant-se de la bellesa d'aquella dona mai vista abans, entenent que ella ja feia estona que era allà amb ell i disposant-se a compartir el seu secret .

Ella el va fer aixecar i de mans dades el va convidar a endinsar-se al mar. Bernat, hipnotitzat, no s'ho va pensar i hi va entrar poc a poc sense sentir la gelor del mar de febrer. Pas a pas, sense dolor a les plantes dels peus en trepitjar les afilades pedres va adentrar-se fins capbussar-se del tot i llavors sí, sentir sobtadament una intensa cremor a l'ànima, un crit interior de rebel·lia, un despertar sagnant però feliç, revelador i determinat. Amb un coratge retrobat va treure el cap de l'aigua amb rauxa per abraçar i compartir amb ella aquell moment màgic. Envaït per l'eufòria no va entendre que ella ja no hi fos allà en sortir del mar i tot i que la va cercar desesperat entre les roques i després refent tot el camí cap a casa ja no la va trobar. I tot i que es va sentir trist i decebut també va arribar a entendre que ella ja estava amb ell i que ho estaria per sempre. I això el va reconfortar.

De camí a casa ja no apartava les pedretes amb els peus, xiulava amb fervor l'antiga cançó italiana de "Una nit a l'òpera", caminava amb determinació i es sentia encès i ple d'energia per a no tornar a caminar mai més per aquell camí de ronda.



sábado, 25 de febrero de 2017

Bloqueo creativo


Leí un libro que se autoproclamaba -seguramente con razón- como “método definitivo para dominar la escritura”. De él aprendí que lo más importante para cualquier escritor es la huida del bloqueo; entendido este como el hecho de estresarse delante del papel en blanco buscando incesante y forzadamente una idea que no ha existido nunca a la que se quiere apresar en tinta. Para que esta situación no se produzca, rezaba el libro, es necesario que el escritor no malgaste su precioso tiempo y sus ganas de trabajar forzando su creatividad en el momento exacto de redactar su escrito. El pensamiento obligado delante del papel conduce sistemáticamente al bloqueo. 
Del autor del libro (coach estadounidense para más señas) aprendí en una tarde como que el proceso correcto para escribir era inverso al que yo practicaba. Primero debe aparecer la idea y hay que estar atento para poder atraparla en ese mismo instante sin intentar correcciones, sin querer darle una estética perfecta, sólo aferrándola a nosotros, asegurándonos que ese momento fugaz ha quedado impreso para siempre y que si esa sugerencia maravillosa no cobra en un futuro estética no será más que por nuestra incompetencia narrativa. El problema es que esa magia creativa suele aparecer justo cuando no la estamos buscando y pocas veces en los momentos en que el escritor decide ponerse a escribir. El libro proponía una solución a este dilema y era tan simple como trabajosa. Consistía en ser sistemático y disponer siempre de una libreta y un bolígrafo a los que echarles mano en tales situaciones. Se sugería que los sitios más inverosímiles y menos poéticos son los mejores donde dejar las libretas. Precisamente las actividades cotidianas más rutinarias se erigen como los espacios de pensamiento propicios para que surjan de manera espontánea y sin esfuerzo los conceptos más buscados.
Finalizada la lectura de este pequeño prodigio de autoayuda decidí sin más dilación aplicarme inmediatamente todos estos métodos. Mi situación no era desesperada. Escribía a cuentagotas y no me suponía un enorme esfuerzo. Nunca me sentí absolutamente bloqueado delante de un papel puesto que dejaba correr la imaginación y obtenía resultados rápidos y satisfactorios. En el fondo me sentía buen comunicador con una excelente dosis de sentido estético, con una clara visión del concepto expuesto y con una magnífica repulsión hacia lo establecido. Me propuse simplemente escribir más y mejor. 
Con el método aprendido, rápidamente empecé a obtener resultados sorprendentes. Súbitamente mientras me afeitaba, de entre mis pensamientos banales surgía uno brillante que de inmediato cobraba forma escrita en mi libreta del baño. Mientras cocinaba y decidía si echar más sal al guiso, otro maravilloso flash creativo. Mirando distraídamente la televisión, en el autobús camino del trabajo, rechazando la oferta callejera de dos mormones, pidiendo un cortado, haciendo el amor... los momentos se multiplicaban y siempre tenía ahí a mano una libreta donde anotar mis genialidades. Las libretas se expandieron por doquier repartidas por toda mi casa. Escribir se convirtió en algo tan cotidiano como fregar los platos... no me requería ningún esfuerzo mental importante. Las ideas me asaltaban a raudales. Mi creatividad empezó a desbordar la rapidez de mi mano sujetando un bolígrafo. Publiqué tres libros de cuentos en menos de un año y de inmediato hubo unanimidad entre crítica y lectores. Mi triunfo parecía absoluto y decidí dedicarme enteramente a la literatura. Me avalaba una prosperidad económica nunca imaginada por mí y ello me animó al fin a abandonar mi antiguo trabajo para poder ser yo mismo mi propia empresa.
Por un tiempo pude vivir bien de mi creatividad pero recientemente todo ha cambiado. Esos momentos en que surge espontáneamente una idea y yo la atrapo al vuelo son distintos. Antes eran prácticamente involuntarios, casuales... ahora los busco con desespero, los necesito para escribir. Me afeito con la esperanza de tener una señal, viajo en autobús durante horas proponiéndole a mi mente divagar... mis espacios cotidianos han dejado de serlo y ya no sé que inventarme para alimentar mi autoengaño de que pienso algo sin necesidad. Creo que estoy definitivamente bloqueado. Mierda de libro.



El vecino del segundo C



El vecino del segundo C me resulta tan próximo como desconocido. Aún habiéndole saludado miles de veces a lo largo de estos diez años, sonreído en el rellano, mirado de soslayo dentro del ascensor, conversado sobre las minucias de los que no quieren llegar a ningún tipo de comunicación superior o comentar brevemente algunas anécdotas cotidianas. Aún así ese tipo se me presenta como un ser lejano, desconocido y algo estirado.
No deja de ser curioso que alguien que duerme a menos de tres metros de mí, al que escucho roncar cada noche y al que animo secretamente de vez en cuando en sus noches de buena suerte mientras hace el amor con alguna nueva mujer y con el que me río escuchando sus tremendos pedos matinales sea alguien del que apenas sí conozco su nombre, aprendido un dia en una de las sagradas reuniones de propietarios en el vestíbulo del viejo edificio.

Ramon. Ese es su nombre. Según la vecina del entresuelo trabaja en un importante periódico como documentalista  y corre el rumor (no se por dónde) que le gustan los chicos. Pero yo sé que no. Le van las chicas y además gritonas. Por lo que he podido controlar tanto se tira a extrangeras como locales aunque su noche más  frenética la pasó con una latina -mi imaginación salida dice que exuberante- que gritó toda la noche con tanta fuerza que me parecía sentirla en mi cama. Creo que aquél día Ramón terminó exhausto aunque cumpliendo como un verdadero atleta.

A Ramón le va el fútbol. Suelo escuchar sus gritos y rugidos solitarios a cada gol del Barça. También le pone la música: Pearl Jam y música jazz antigua resuenan con fuerza muchos sábados por la mañana. En eso compartimos gustos.

Se trata de un tipo normal aunque le tengo algo de envidia: complexión atlética, alto, diría que muy atractivo, elegante y amable. Un soltero de los de buen ver, pese a su cuarentena (supongo) bien llevada.   Sin aparentes angustias económicas lleva siempre ropa cara y tiene una moto espectacular con la que cada dia va y viene del trabajo.
Muy de vez en cuando escucho reuniones de amigos en el salón que terminan a altas horas de la madrugada.

El año pasado lo encontré un día en el rellano andando con dificultades apoyado en muletas. Me contó que se había lastimado la rodilla esquiando y me ofrecí a hacerle alguna compra o favores que necesitara. Agradecido, rehusó la ayuda comentándome que su hermano pequeño estaría en casa con él por un tiempo. A partir de aquél momento noté mayor efusividad  y alegría en nuestros encuentros.

Ramon compra en la tienda ecológica de la calle de arriba por lo que deduzco que debe cuidar bastante su alimentación. También lo he visto entrando más de una vez en la herboristería y en la tienda de productos de higiene. En esta última coincidimos hará unos quince días y observé que en su cesta llevaba crema depilatoria masculina, cera para el cabello y otros productos.

Se que se trata de un tipo catalanista por su estelada colgada en el balcón. También intuyo su orientación progresista por su entusiasmo en las caceroladas vecinales de protesta y por el libro de Escohotado que un día le vi bajo el brazo.

En verano acostumbra a estar ausente aunque el año pasado estuvo en casa todo el período vacacional acompañado de una pareja norteamericana. Según ellos mismos me contaron en el ascensor eran viejos conocidos del màster en Chicago.

Ramon se presenta amable y respetuoso con todo el mundo. Sólo le he escuchado exabruptos y malos modos hablando por teléfono con su padre y con un tal Josep. En tales conversaciones escucho a Ramon vociferar y desesperarse. A menudo le espeta a su padre que no le consiente que intente controlar su vida y que ya es mayorcito. Sin embargo dichas conversaciones parece que terminan amorosamente.

Ramon anota minuciosamente y con buena letra el consumo de gas y electricidad, siempre en color rojo. Me pregunto si siempre lleva encima un bolígrafo de dicho color.

Los últimos años unas canas incipientes le han aparecido por encima de las orejas y en la barba de pocos dias que lleva siempre perfectamente recortada. Le dan un aire maduro que creo que las mujeres deben encontrar irresistibles.

En las reuniones de vecinos nunca se muestra inquieto, inclusíve en aquellas con mayor tensión y enfrentamientos. Ciertamente se dedica a mediar entre las posiciones y con un tono relajado y amistoso consigue que los bandos enfrentados se relajen y consigan consensuar argumentos. Su exposición sencilla, clara y directa así como sus extraordinarios modales y uso respetuoso del lenguaje junto a una clara maestría en la oratoria y la comunicación no verbal provoca que las personas mayores de la finca le den la razón sistemáticamente y que las más jóvenes no encuentren mejor explicación. Ramon acostumbra a hablar al final de la reunión resumiendo lo dicho, acercando posiciones enfrentadas y supongo que también enarbolando sutilmente su punto de vista personal sobre la cuestión. El presidente, Antonio -un fontanero retirado- va asintiendo con la cabeza la exposición de argumentos de Ramon y a menudo el cierre por su parte no es mas que una repetición de lo que expuso el vecino del segundo C.

Que Ramon se me antoje como un ser lejano no deja de ser curioso. Desde mi ofrecimiento de ayuda en su período de convalecencia noto que se me aproxima con creciente animosidad. Inclusive la semana pasada me invitó a su casa a ver el partido de Champions sabedor él de mi afición futbolera , invitación que decliné amablemente puesto que ya había quedado con mis amigos de siempre en casa de Sergio.  Sin embargo cabe decir que estuve a punto de presentarme en casa de Ramon con unas cervezas aceptando el convite. De echo nunca estuve en su casa y a menudo juego a imaginar como debe ser la decoración y el estilo general. Por su clase y buena pinta intuyo que su hogar será acogedor y moderno, con pocas concesiones a experimentaciones estéticas y con un despacho bien nutrido de libros tanto técnicos de su profesión como de literatura.

Que Ramon siga pareciéndome un desconocido tras diez años de vecindad dice mucho de la sociedad en que vivimos y bien poco de mis habilidades relacionales para con el vecindario. Sin embargo y tras meditar sobre ello tal vez yo conozca a Ramón bastante más que muchas de las mujeres que pasan por su lecho o que algunos de sus amigos y familiares. Este hecho me conmueve y me lleva a pensar que tal vez él sabe más de mí y mis hábitos cotidianos que muchos de mis seres más allegados. Tal vez, llegados a este punto, sea buena idea proponerle una invitación inesperada para ver un partido especial que den en abierto. Tal vez la final de copa pueda ser la oportunidad.
A decir verdad debo reconocer que mis días acontecen solitarios al llegar a casa y tener a un amigo que vive en el mismo edificio seria una gran notícia.

Me pregunto qué debe pensar él de mi y fantaseo con ello: "mi vecino del 2o a? Pues parece un chico majo y amable. Se me ofreció cuando estaba enyesado a hacer compras y desde ese momento no dudé en tener mayor relación con él. Sin embargo parece algo solitario. Nunca le vi en compañía femenina por lo que o bien debe ser gay o bien no se come un rosco. No es que sea feo pero sí que anda algo descuidado; esa especie de estilo semi hippioso de los que se las quieren dar de progres con ropa de mercadillo y camisas mao pero se gastan 200 euros en unas botas de montañismo.
No tengo idea de a qué se dedica pero si tuviera que decantarme por algo diría que es psicólogo, tal vez periodista o librero. Cierto! A menudo lo veo con un libro bajo el brazo! Recuerdo cuando se le cayó en el ascensor un pesado volumen de "Guerra y Paz"!
Por lo demás no me parece un tipo especialmente divertido. Callado. Tímido. Con buena educación y silencioso ... A excepción de los terribles ronquidos que a menudo me despiertan asustado.

Me parece un hombre algo aburrido pero con tintes de misterioso. Me pregunto qué deben contener los extraños paquetes embalados en negro que recibe tan a menudo. Mas de una vez he pensado que debe tratarse de juguetes sexuales que compra por internet. El tio debe disponer de todo un arsenal! Y de qué tipo serán?... Masturbadores masculinos de todo tipo?, muñecas hinchables?, mecanismos anales?, tal vez se disfraza de mujer en su intimidad?... Que cachondo! Me encantaría ir un dia a su casa para husmear disimuladamente. Tal vez mi vecino tan modosito sea toda una bestia sexual onanista. Me pregunto si un dia de estos me devolverá la invitación para ver el fútbol que le ofrecí".