martes, 13 de marzo de 2018

Maria, gestora de recobros



Soy Maria. Nací en Ecuador pero me vine a Barcelona con sólo dos añitos. Aunque mis papás me rodearon de la familia de Guayaquil en Barcelona y me llevaron sistemáticamente a la iglesia para intentar rodearme exclusivamente de personal sudamericano adicto a los discursos exorcizantes del señor Braulio , pastor del barrio de la Florida en mi amado Hospitalet de Llobregat; aunque mi familia intentó apartarme de los extraños catalanes con los que conviví en la escuela y instituto; aunque no probé el pà amb tomàquet hasta los diecisiete no consiguieron que yo me sintiera ecuatoriana. 
Hoy día soy una mujer barcelonesa moderna, de treinta años, dueña de mi vida y destino. Vivo en un apartamento con mi amiga Lucía y soy feliz.
He trabajado en mil lugares aunque mi destino profesional me lo estoy labrando en mi actual empresa (Hijolagranputix S.A) donde desde hace siete meses soy la trabajadora número uno. Me siento valorada, apreciada y muy mimada por mi jefe, Xavi, un cuarentón de muy buen ver que, aunque casado, insiste en llevarme a comer cada jueves a la marisquería Ridalba, acaso pensando que debo ser algo tonta y no capto que se me quiere follar desde hace tiempo. Ciertamente Xavi me atrae y sé que el dia menos pensado me lo llevaré a mi apartamento para mostrarle mi flor pero el hecho que esté casado me desdibuja un poco el deseo.

Mis padres esperaban que yo me fijara en algún pardillo de la iglesia pero viendo los tristes pelagatos que me acechan allí se me pasan las ganas de acercarme: pintores, obreros de la construcción, ayudantes de almacén… todos ellos muy educados y vestidos con traje el domingo, por cierto, trajes que les vienen grandes y no entallados como los de Xavi.
Yo quiero algo mejor. Soy una mujer bella, con un cuerpo de infarto. Voy al gym tres días por semana y he conseguido tener un culo espectacular, de aquellos que los hombres miran de reojo sin poder apartar la mirada aunque vayan con su esposa de la mano.

Ingresé en la universidad cuando me tocaba pero los estudios de pedagogía a los que accedí no me gustaron y al segundo año me olvidé de la formación para trabajar de azafata en la Fira de Barcelona dónde cobraba un buen salario de día y un verdadero pastón de noche cuando acompañaba a los clientes a cenar; ojo, sólo a cenar. Bueno, menos con Toni. Con él hubo algo más. En fin, bastante más. Tanto que terminé locamente enamorada de ese hombre guapo y elegante que se dejaba caer por Barcelona un par de días al mes, esos en los que yo me sentía una reina cenando en los mejores restaurantes y durmiendo en los hoteles más in, todo ello regado con mucho cava y enharinado adecuadamente. Sin embargo Toni tenía mujer y hijos en Madrid y nunca hizo el más mínimo ademán de prometerme nada. A él ya le iba genial con tenerme para follar y salir de fiesta -en este orden-  un fin de semana al mes; supongo que eso le ahorraba el trabajo de tener que buscarse la vida en su fin de semana habitual en Barcelona. Por dignidad terminé esa relación cuando me sentí preparada y por qué no decirlo en los brazos de un nuevo hombre, este más joven e inexperto aunque absolutamente genial. Con Daniel salía a la montaña, iba a museos y conciertos de lo más estrambóticos. Él se negó siempre a ir a alguna de mis discotecas favoritas y no quería saber nada de mis amigos de siempre. Sus palabras eran: "son una pandilla de garrulos" y respecto a las discotecas latinas ladraba algo así como "son antros de putiferio, drogas y música inaguantable". Como deberéis suponer, pasada la emoción inicial, terminé dejando a Daniel para echarme a los brazos del destino, que no me tuvo nada reservado en mucho tiempo hasta conocer a Xavi, con el que quiero ir poco a poco para que no piense que se me puede tirar cuando le venga en gana.

En mi empresa me dedico al trabajo telefónico. Soy gestora de recobros. Básicamente me dedico a intentar cobrar deudas que particulares morosos tienen adquiridas con los bancos. Hijolagranputix S.A compra los datos de clientes de bancos que tienen en algún momento sus cuentas bancarias en negativo y nosotros los apremiamos a que solucionen su situación. Es un trabajo delicado que precisa de mucha psicología y don de la palabra. Como gestora principal he desarrollado mi propio método para conseguir que el cliente salde su deuda o regularice su cuenta. Me dedico a investigar su perfil y le llamo desde distintas líneas para que no identifique nuestra empresa. Puede que piensen que es algo pesado que les llame unas doce o veinte veces diarias si no me atienden el teléfono pero forma parte del método que he desarrollado y que me funciona genial. Los llamo una y otra vez y si no me atienden les dejo un mensaje en el contestador. Con clientes que no reaccionan a mis llamadas no me queda más remedio que decirles que el banco dejará de pagar en breve sus domiciliaciones y tal vez se encuentre con que le cortan la luz o el agua, o que vamos a incluirle en las listas oficiales de morosos o otras tantas historias -algunas falsas, debo reconocerlo- que provocan que muchos de ellos recapaciten y solucionen su problema, hecho que me conlleva comisiones extra que me hacen verdaderamente feliz. De hecho, pese a dudas iniciales cuando empecé en la empresa, me convencí rápidamente que trabajo en algo bueno y positivo. Aporto seguridad a los bancos que sustentan nuestra sociedad y ayudo a que las personas sean más responsables con sus obligaciones. 

La semana pasada llegó a mi mesa la situación de una persona muy amada por mí; mi tío Raúl. Anduve unas cuantas horas meditabunda acerca de si debía pasar el expediente para alguna compañera, si debía avisar a mi tío extraoficialmente o si directamente debía ponerme manos a la obra y llamarlo sin identificarme.  Consulté mis dudas con Xavi y él me conminó a pasar el expediente a Doris, la maldita venezolana que me pisa los talones en mi récord mensual de recobros. Lógicamente no lo acepté y me marqué el reto de trabajar con mi tío Raúl pese a los lógicos reparos iniciales. Para convencerme a mi misma me dije -refugiada en el baño y mirándome a los ojos-: eres María, una chica triunfadora; alguien que se supera cada día y logra sus objetivos, alguien que desea que el mundo sea mejor, una persona decidida, buena, que quiere llegar a lo más alto, auténtica, libre y feliz, capaz de vencer cualquier obstáculo y trampa para llegar a ser la mujer que el mayor triunfador desearía a su lado.

Finalmente inicié el proceso con mi tío, sin miedos, con la intensidad y seguridad de siempre. A decir verdad, puse todavía más empeño con él  que con cualquier otro cliente (tiene gracia que les llamemos clientes) y ciertamente todo parecía ir sobre ruedas hasta que Raül, supongo que sabedor de mi profesión y atando cabos, me reconoció. Fue un momento tenso que conseguí resolver pasando de puntillas sobre sus quejas y lamentos pensando que le estaba convenciendo. Sin embargo, no fue así. Raül empezó a lanzarme de repente todo tipo de improperios que iban subiendo de tono con el devenir de la conversación y a los que yo respondía con el silencio. Sin duda yo informé  al inicio de la llamada a mi tío que la conversación seria grabada así que me dediqué a escuchar con parsimonia  plenamente consciente que yo tenía la sartén por el mango y aprovechando sus pausas para aplicar el protocolo establecido en el que le informaba de las consecuencias de faltar a sus compromisos para con el banco y lo que podía terminar resultando: embargo, congelación de cuentas, introducción en la lista de morosos, denuncia o en último término desahucio. Tras los graves insultos mi tío empezó a sollozar recordando el triste fallecimiento de mi prima tras la larga enfermedad por la que él ciertamente se había endeudado más de lo debido y en ese instante tuve un pequeño instante de decaimiento, de difuminar mi profesionalidad para empatizar con él; pero por fortuna Raül volvió súbitamente a los insultos más graves y humillantes que los anteriores, hecho que me recompuso en mi afán de hacer bien mi trabajo. Nuestro protocolo dicta que cuando las groserías llegan a cierto extremo debemos avisar al cliente que vamos a colgar y que podemos cursar una denuncia a los mossos d'esquadra. El aviso no amilanó a Raül y tuve que colgar y enviar la grabación a Xavi para que la denuncia cursara con normalidad.

Viéndolo ahora en perspectiva tras una semana reconozco que se trata de mi instante profesional más duro. Lo pasé realmente mal. Pero también debo reconocer que lo hice bien, con absoluta exquisitez diría yo, sin agobiarme y aplicando en cada momento el comentario y el tono de voz adecuado. Xavi me felicitó con efusividad y me elogió delante de todas mis compañeras augurándome un futuro profesional sobresaliente. Creí que su alegría se trasladaría a nuestra comida semanal en la marisquería pero extrañamente me ha dado evasivas dos jueves consecutivos, algo que no había hecho nunca. ¿Se habrá interesado por otra?

2 comentarios:

  1. Uff... me he quedado con ganas d más👏👏

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias!! Celebro que te guste!! ...en breve otro pequeño relato!!!

      Eliminar