miércoles, 8 de diciembre de 2021

¿Sonrojo de Bansky?

Armand es un intelectual progresista de esos de andar por casa. Profiere desgastados argumentos humanistas por doquier y se gusta a sí mismo cuando escribe, relata o intenta convencer a otros que él visualiza como inocentes incautos sobre los pérfidos elementos del sistema que esclavizan al mundo entero con los estudiados mecanismos de la felicidad consumista. Allá donde mira observa desesperanzado conatos de pérdida de libertad individual y de obediencia ciega colectiva. Ya hace años que renunció a la coherencia absoluta entre su pensamiento y sus actos. Comprendió que es innecesariamente imposible y que lleva al radicalismo y a moverse entre arenas movedizas antisociales. Porque él sabe que es así. Casi nadie consigue vivir al margen del sistema. Sólo cuatro locos consiguen escapar de manera extrema viviendo en lugares remotos y en autarquía mas o menos precaria. El resto se mueven entre la resistencia feroz a la obediencia ciega consumista y entre el sueño feliz de la acumulación innecesaria. Pero se mire como se mire todos estamos en el conglomerado de formar parte de un todo que mantenemos juntos y que nos da para ir tirando pegándonos codazos los unos a los otros entre la masa sin atisbar a los poquísimos que andan allá al frente sentados en cómodas poltronas sostenidas por unos sub-afortunados que gimen de placer al considerar un privilegio llevar el peso de sus señores. Todos ellos necesitan de nuestro esfuerzo, incomodidad, pisotones, destellos de felicidad, miedo, impuestos, votos, compras y beneplácito para seguir acomodados en sus butacas los unos y porteandoándolos los otros soñando ingenuamente que algún dia ellos gozarán del privilegio extremo de sus amos.

 

Armand sostiene la tesis que las democracias avanzadas destacan por  la extrema y perfeccionada sutilidad de enmascarar dictaduras abyectas dónde todos los movimientos andan organizados de antemano y a las órdenes de una élite desconocida para la ciudadanía y que resulta imposible escapar de ellas haciendo vivir a toda la población en una suerte de sueño de colores capitalista mediante el cual los premios del consumo hinchan el ego de las personas y atienden a sus demandas de felicidad, los medios muestran el pensamiento que hay que tener y las clases medias no atienden a comprender los motivos por los que hoy sus hijos viven peor que sus padres aunque disfruten de mayores bienes tecnológicos.

 

Por todo ello y mucho más, Armand ya hace años que dejó de creer en el sistema y sus múltiples mecanismos y ahora mira la vida desde su prisma de desconfianza y incomprensión, acusando a sus conciudadanos de no tener conciencia de comunidad, de ser ingenuos absolutos y simples peones de una partida de ajedrez con todas las jugadas previamente planificadas. Al haberse despedido hace años de la ilusión de actuar en coherencia absoluta a sus ideas se permite pequeños disfrutes del mundo consumista con la excusa ilusoria de "sólo lo que se necesita" pero aún así no puede evitar escapar al uso de última tecnología, la televisión de pago, ropa de moda, el adelanto de la visa para compras superfluas, las noches de hotel (aunque sean alternativos), la música de spotify, fotos de instagram, facebook, los estados dónde muestra su puesta en escena particular, las zapatillas de montaña de última generación o sus amadas sudaderas Timberland compradas a mitad de precio en el Black Friday.

 

Cuando amplía la mirada se da cuenta que ya forma parte intrínseca de ese "mundo feliz" del que le gustaría escapar. Es una pieza activa de ese pequeño porcentaje de la población mundial que vive en la abundancia gracias a que la gran mayoría sobrevive como puede. Aunque proclama en privado que el planeta dispone de recursos suficientes para que los casi ocho mil millones de seres humanos puedan vivir en condiciones dignas realmente no tiene ni idea de cómo se podría llegar a ello, máxime cuando el ser humano siempre se ha caracterizado a lo largo de la historia en intentar dominar al semejante, obtener por la fuerza los recursos negándoselos a otros, imponer el criterio de unos pocos a muchos y otra suerte de "bondades" en la línea de tener PODER sobre otros a cualquier precio. Y en esa línea de poder un activo siempre presente al que alimentar: el EGO. Ese espacio personal que lleva a cada ser humano a querer diferenciarse de los demás, al disfrute del sí mismo en contraposición a los otros, al querer sentirse envidiado, superior en cualquier aspecto, deseado, único, poseedor de objetos o ideas, exitoso, original, creador o rebelde. El ego, mezcolanza individual que Armand visualiza como la tierra fértil perfecta dónde las semillas del consumismo y los valores del capital encuentran las condiciones perfectas para enraizar y reproducirse en una vasta extensión que permite abarcar todos los aspectos de la humanidad, desde los más abstractos e inmateriales relacionados con el intelecto o valores a los más concretos del mundo de los objetos y la acumulación de bienes, riquezas y por ende poder y influencia.

 

Sostiene Armand todos estos raídos argumentos mientras pasea por la exposición de Bansky, creador al que admira profundamente tanto por la creatividad extrema de sus gráficos como muy especialmente por la crítica demoledora al sistema con la que él mismo tanto concuerda. De hecho, a medida que va observando los dibujos, sigue con su monólogo particular, potenciado por cada nueva obra admirada, a medida que  la paciencia de Sara está en caída libre. Su amigo está hoy realmente pesado.

 

No es hasta la salida de la tienda de souvenirs al final de la exposición, mientras Armand intenta colocar en su mochila las compras (taza con el motivo "Balloon girl", calendario 2021 "Art buff", sudadera "Soldier Throwing Flower" y la funda de móbil con un collage de imágenes) que Sara le regala una pregunta interesante: ¿No crees Armand, que el motivo principal por el que este artista es anónimo y no ha dado la cara aún no será tanto por "glamour o misterio" sino más bien por no sonrojarse un poquitín ante el mundo al ser él mismo devorado por todo aquello a lo que ataca?

 


domingo, 11 de octubre de 2020

La soledad del francotirador español



 Me cago en la leche. No me acordé de mear antes de subirme a esta azotea. Espero que sólo tenga que estar aquí arriba las tres horas justas que me dijo el coronel. Por lo menos no llueve, menos mal...

Si el AVE sale a su hora esta noche llegaré a casa sobre las ocho. Me dará tiempo de pedirme una pizza, ponerme pivón y acercarme al “Alimañas” a ver qué pillo.... ufff, últimamente triunfo como un jefe! Menudos polvazos los del otro día con Mónica.... y con Alessandra .... cuántas pibitas llevo ya este año???.... a veeer.... ummm.... once, doce.... ahh y la pijilla de Las Rozas!! Trece!!! Joder! Trece en nueve meses no está nada mal!! Y eso que con Mónica, Eva y Cayetana he ido repitiendo cuando quiero! Menudo chollazo!!! Tal vez podría llamar a Eva para esta noche ? Veremos…

El premio de mi vida ha sido entrar en la Guardia Real como tirador de élite, joder! Cobro un pastón que nunca hubiera pensado, triunfo con todas las mujeres, la gente me admira cuando se enteran que me dedico a proteger al rey y además me siento orgulloso de proteger la vida del ciudadano más importante de mi patria. Mi curro tal vez sea pequeño pero es imprescindible para la estabilidad de mi país y cada minuto apostado en estos lugares  es una expresión de amor por mi pueblo. Es así. Me siento orgulloso de estar ahora mismo apuntando a ese catalufo de mierda... si el coronel algún día me diera la orden dispararía con inmenso placer... le metería el plomo entre ceja y ceja... mira qué careto de bobo tiene el maricón!!! Ja,ja,ja.... ahí con esa pancarta.... qué dice?? Els catalans no tenim rei... ja,ja,ja... pringao. Y la zorra que está a su lado? Bueno, no está mal del todo… ¿será que una nazi de estas querría follar con un militar español como yo?... No sé, creo que sí, una cosa es defender algo político (aunque se trate de una locura como la suya) y otra son las personas… y yo me conozco, je, je y sé cómo camelarme a una tipa como esta aunque de inicio me odie un poquitín… en fin, lo cortés no quita lo valiente y esas nenas seguro que se les caen las bragas al ver a un macho como yo en comparación de esos pusilánimes catalufos que van de superiores pero que son una pandilla de cagaos. 

Atención que sale el rey a la calle! Ahora es el momento de máxima concentración para vigilar bien a toda esa gentuza de la zona  que tengo asignada. Bien! Si todos ellos supieran que cinco compañeros más los están apuntando ahora mismo y que sólo un segundo les separa de morir si alguno de ellos hace el capullo se cagarían encima! Cuando me toca alguna de estas misiones a menudo -como ahora mismo- deseo ardientemente que alguno de estos zumbados intentara algo chungo de verdad contra Felipe. Sería nuestro momento de verdad para poderlos freír a tiros (vale…ya sé que el reglamento incide en disparar a zonas no vitales, de acuerdo) pero tras incidentes serios nadie se preguntaría nada. Nuestro comandante en jefe está por encima de todo ello. Le debemos obediencia ciega y entrega absoluta. Todos nosotros hemos jurado derramar nuestra sangre por protegerle y permitir así que nuestra gloriosa nación perviva y siga siendo el resto del imperio más grande que la humanidad vio jamás. Joder! Qué pensamientos más bobos!! Que me despisto del curro!! A ver, aquí nadie hace nada, sólo están pitando como locos. Lo dicho, esta gentuza además de traidores y rematadamente tontos son unos cobardes. Mira ese abuelo! Ja, ja, ja. Abuelo! Vete a casa hombre! Que te va a dar un infarto con tanto movimiento! 

Me indica el coronel que me oriente hacia el flanco sur. Dice que en la puerta de entrada de la estación se está empezando a acumular más escoria. Bueeeno. Son cuatro gatos y ya están los mozos para contenerlos. Me descojono cuando veo a los mozos atizando a sus paisanos. Esa imagen tiene algo de poético… aunque la poesía sería absoluta si el ejército hubiera tomado el mando en su momento para dejar las cosas en su sitio y que esa gente entendiera que por más que den el coñazo son y serán españoles ellos, sus hijos y bisnietos. Si ni tan sólo tienen un grupo con cojones que empuñe un arma! Por mucho que nuestros periódicos hablen de terrorismo catalán todos sabemos que no hay huevos… aunque mola verlos enchironados! Eso sí! Ja, ja, ja….

Bueno…. ¿Qué hago? ¿Llamo a Eva antes de salir de Barcelona?... Pero igual quedo ya tarde, que me dé tiempo de tomarme algo con los colegas que muchas horas con ella de palique me termino agobiando. Ostias!! Están tirándoles pintura a los mozos! Ja, ja, ja. Menuda pringada llevan! A ver…. Mira!! La primera línea llena de esos polvos de colores! Ja, ja… parece una fiesta de esas musulmanas dónde se tiran esa mierda por la cabeza…. Joder, menudo catetísmo hay por el mundo; de dónde eran los que hacen esa guarrada?... Uf, no sé, deben ser moros. 

Ostias! Me acabo de acordar que por las salidas de Madrid me dan un extra! La leche! Este mes voy a cobrar más de tres mil quinientos pavos! Y me queda aún la pega extra de diciembre con casi diez mil pavos con los extras de peligrosidad y las otras. Pues creo que me pillaré la segunda Harley! Mola mazo! Igual por el puente de diciembre ya me la puedo mirar en el concesionario. Sí! Y con lo que llevo ahorrado este último año creo que me llega para dar una entrada para un apartamento en la playa… joder! Cómo molaría eso! Pisito guays en Madrid, apartamento en la sierra y ahora otro en la playa! Pero dónde? Tal vez por Alicante?... Cataluña fijo que no! Paso de escuchar todo el día el dialecto de estos palurdos y andar cabreado todas las vacaciones….  Joder, no me puedo quejar. Escucho por ahí lo de la peña sin curro, universitarios que malviven… pobres pringaos, especialmente los que van de intelectualoides y te miran con aires de superioridad cuando no son más que unos mataos que no pueden ni sostener una vivienda… cuánta razón lleva Santi (Abascal) cuando habla de que tenemos un país de rojos que van de cultos pero que no son capaces de ná…. Ostias!! Y aquí en Cataluña el peor de todos esos lugares. Aquí la peña va de culta y te miran con aires de superioridad, desprecian el flamenco, los toros o cualquier cosa que les recuerde a nuestra cultura, bueno, que es la suya! Están taraos!

A ver ese tipo de la estelada? A veeer… ja, ja, ja. Intentaba saltarse el cerco y menudo ostión se ha llevado! Menuda rata…en la cabeza debía haberle dado el mozo, joder. 

Me empiezo a aburrir. Aquí estos catalufos no tienen huevos de nada y no sé por qué coño tenemos que venir nosotros a hacer tanto el friqui por las azoteas; bueno sí, aquello de marcar paquete y recordarles a esta gente quién manda aquí  y que si la vuelven a liar tal vez no contestemos con jueces sino con tanques….por dios, qué ganitas de pegar ostias y soltar tiros a esta chusma traidora! Pero es que están locos de verdad!! Cómo es posible que traicionen a su verdadera patria? En fin…. 

Semana que viene habrá toros? Espero que con la jodida pandemia no cierren de nuevo la plaza… por un espectáculo cultural de nivel que dejan abrir….





miércoles, 25 de diciembre de 2019

Viernes tarde del soltero cuarentón

Un viernes normal de un separado barcelonés sin muchos recursos económicos: trabajar hasta las seis de la tarde y conducir sin rumbo, lentamente, sin prisa alguna por llegarse a casa de sus padres, donde vive, malvive por momentos desde hace medio año con la esperanza poco realista que en corto tiempo logrará estabilizar su salud financiera y podrá alquilarse un pequeño piso en el barrio con un par de habitaciones para poder acoger a su niña los días que le tocan renunciando a la habitación destinada a despacho que pudo disfrutar toda su vida. 
Un viernes en que ya no le apetece llamar a alguno de sus amigotes "single" o "singles a tiempo parcial" para tomarse unas copas y hacer un simulacro de juerga como las de antaño. No le apetece, no. Por que cuando lo hace se encuentra a las tantas de la madrugada rodeado de chicas veinte años más jóvenes con las que es ridículo intentar nada (aunque se sabe exitoso en estas lides, claro, un pequeño don) o rodeado de cuarentonas desmadradas en locales dedicados a maduros que atacan con tan mal gusto que se le van las ganas de nada.
Un viernes normal en que se decide por acudir al gimnasio, ese pequeño oasis descubierto desde hace pocos meses dónde poco a poco comprueba como su musculatura de cuarentón bien conservado se envalentona y crece día a día dándole un nuevo aire a su autoestima, algo magullada por diversos motivos los últimos años.
Como de costumbre desde que acude a su oasis dos veces por semana empieza por un precalentamiento en la cinta de correr y sigue durante algo más de una hora forzando sus músculos en las máquinas: primero las piernas y luego el tronco y brazos pasando por ejercicios de abdominales en los que la mejora se hace patente semana a semana.
Mientras se ejercita puede observar al personal de la sala: jóvenes brutalmente musculados, maduros que han hecho de sus bíceps el centro del universo, jovencitas ensayando una y otra vez ejercicios brutales para hacer crecer el culo, abuelos y abuelas que se ejercitan apaciblemente, entrenadores simpáticos que se pasean mostrando sus atributos, algunos muy afables con todo el mundo, otros especialmente con las mujeres mas guapas, adolescentes escuálidos luchando contra su naturaleza, cuarentonas disimuladas mirando de reojo a los más fornidos y entre toda la fauna, él, algo fornido de siempre pero con una tripa en fase creciente que no consigue rebajar ni corriendo a diario, aún dejándose la vida en la cinta de correr al término de su rutina en las máquinas.

Como en uno de sus viernes habituales sin su hija termina el entrenamiento agotado, aunque cada vez menos, va progresando. Hoy se decide por regalarse una sauna y un jacuzzi, espacios de relax con los que consigue desconectar la mente y practicar algo de mindfulness. Entra primero en la sauna finlandesa y más tarde en el baño turco.
Cuando se introduce en el jacuzzi se dice algo aburrido que pocas cosas emocionantes acontecen últimamente en su vida y se pregunta si será a causa de una mirada corta, de poca observación, de pasar por lo cotidiano de puntillas sin mirar. Entre las burbujas de la piscina se sitúa en un lugar donde el masaje del agua se sitúa exactamente en la base de su espalda provocándole un leve escalofrío de placer.  Enfrente tiene una mujer madura sentada con los ojos cerrados. Incluso con el triste gorro de piscina se adivina una belleza rubia portentosa. La observa por unos instantes y luego se dedica a su mundo interior aunque este se resiste a su pensamiento y vuelve de nuevo a la realidad de la bella mujer. 
Tiene unos ojos rasgados que encuentra muy exóticos, unos labios carnosos con los que prefiere no detenerse para evitar una excitación súbita que ahora no tocaría y unos pechos grandes sin llegar a enormes que se disimulan en el bañador deportivo en los que andan apresados.
Ella sigue con los ojos cerrados. Observando bien logra ver como levemente se muerde un poco el labio. A su vez muy sutilmente mueve su cuerpo de manera rítmica, lentamente pero sin pausa. Se adivina un movimiento de la pelvis muy sutil  bajo el agua. No se ve a simple vista. Uno debe fijarse.
 Su curiosidad va en aumento. Se mueve dentro del jacuzzi hasta colocarse exactamente enfrente de ella. Nota como un potente chorro subacuático se le clava en el perineo. Se asusta primero aunque después comprueba como colocándose convenientemente resulta de lo más placentero. Siente una excitación en aumento que se transforma en una erección mediana, ya no tiene veinte años.
Sigue mirando a la mujer y comprueba como esta sigue en su sutil movimiento, apretando los labios con suavidad y agarrando con las manos cada vez con más fuerza el borde de la piscina. Ahora ya no hay duda. Ella está masturbándose con la fuerza inusitada de las burbujas. La respiración cada vez más rápida, los movimientos cada vez menos sutiles y los labios mordidos delatan su momento de orgasmo donde en unos treinta segundos parece que el tiempo se detiene y que las brasas se riegan con alcohol.
La mujer ha logrado disimular para todos los demás pero a él no se le ha escapado su fiesta particular.  Cuando ella abre los ojos encuentra su mirada clavada en sus ojos rasgados con una sonrisa pícara dibujada sin quererlo. Lejos de abrumarse ella relaja los párpados, se toca las mejillas y se levanta con cuidado. Antes de salir por las escaleras de la piscina se dirige a él con una sonrisa:"esto es lo más placentero del día".  Se pone las chanclas y camina hasta la puerta del vestuario mientras él no puede apartar la mirada del vaivén de sus glúteos.
Ensimismado en sus pensamientos eróticos posteriores logra ir relajando su excitación apagándose del todo con la imagen de un joven obeso que andando a trompicones baja la escalera del jacuzzi. Con una sonrisa disociada y un extraño movimiento de manos entiende que se trata de un chico con una leve discapacidad psíquica.
El muchacho lo saluda con la mano y acto seguido se introduce en la otra parte del jacuzzi, sin sentarse, flotando alegremente entre el entramado de burbujas, riendo a carcajadas, chapoteando, jugando con el salto de agua para masajear la espalda, gritando como un niño pequeño, disfrutando con una alegría y placer tan saludables que observándolo no se puede sentir nada más que envidia. Si, envidia enorme por el disfrute de una persona que saca los pies del agua, que patalea, ríe, se hunde, sorprendiéndose por la súbita fuerza de algunos orificios elegidos que saludan ahora los pies, ahora las piernas. El muchacho patalea y se ríe. Se pone panza arriba, introduce la cabeza en el agua y hace la vertical sin éxito. Sus carcajadas se ahogan entre burbujas y nuestro hombre se siente feliz por él, incluso desearía ser él para poder disfrutar con esa alegría del momento.

Tras unos minutos más de burbujeo en el perineo decide que ya tiene bastante. Estrella su dedo chico dolorosamente contra un escalón escondido, sale del jacuzzi disimuladamente determinado y se dirige al vestuario para regalarse una ducha reparadora cojeando levemente tras el pequeño estropicio.
Cuando sale de la ducha se sorprende mirándose frente al espejo al lado de un señor mayor que se acaricia orgulloso su enorme panza. Siempre se preguntó por qué extraño motivo los hombres se quedan embelesados ante el espejo al salir de la ducha de los vestuarios, tal vez piensen que el ejercicio del dia se ha traducido de inmediato en una musculatura imperial.





martes, 7 de mayo de 2019

Cuando llegó al final del túnel

Siempre mantuvo una fe intacta en salir finalmente del túnel y ver por fin el brillo del sol en un límpio cielo azul. 
En sus primeros tiempos de caminata tuvo presente el miedo y la indecisión sobre si era adecuado adentrarse más y más en él o bien era mejor recular, desandar lo andado y volver a la entrada del túnel regresando a ese lugar gris plomizo sin sol ni flores pero como mínimo reconocible, transitable, vivible. Pero la fe pudo con las dudas y decidido a encontrar una salida como la que ella le había prometido tiempo atrás no permitió detenerse o volver atrás.
Y así fue como durante meses y meses anduvo, orgulloso y erguido al principio, temeroso y cabizbajo después por esa negritud incomensurable de la que apenas unos retazos amarillentos de luces desgastadas le regalaban una visión sombría de lo que tenía por delante.
Y así fue como los meses dieron paso a los años creando en él el espejismo de  andar en un círculo infinito del que no saldría más. Sin embargo él sabía que no andaba en un círculo cerrado sino en un túnel rectilíneo con una entrada y una salida. Ella le había prometido esa salida y en ella  un sol infinito con un paisaje de primavera hermosísimo del que nunca nadie volvió de tan dichoso que era. Una promesa es una promesa, se decía. Y viniendo de ella esa promesa se convertía en profecía. Sin matices. 
Y así  se fue acostumbrando a la oscuridad del tunel de tal modo que tras años de tránsito ya no era capaz de reconocer el azul del cielo mediterráneo. En sus espacios de descanso tumbado sobre las piedras del piso cerraba los ojos con fuerza y intentaba recordar el color azul del cielo pero cada vez era menos capaz y una mezcolanza de tonos grises se le antojaban como única visualización, lo que le frustraba fuertemente zambulléndolo en la depresión. Pero aún así conseguía reunir fuerzas para levantarse y decirse a sí mismo que tanto daba si no conseguía imaginar el azul ya que la impresión sería mucho más tremenda cuando por fín lo disfrutara al salir del túnel. Y seguía su camino recto y oscuro. Y andaba y andaba. 
Pero llegó el dia aciago en que ya no consiguió imaginar ni tan siquiera el verde de los prados ni la luz estruendosa del astro rey. Y ese día pensó que perdía la esperanza. Imaginó que sin poder disfrutar en su mente del regalo final tal vez perdería la voluntad de seguir caminando y se tumbaría entre las piedras a dejarse morir entre las tinieblas. Pero la promesa de ella lo hizo levantarse de nuevo y inercia que por voluntad, pero siempre adelante, sacando fuerzas inhumanas de dónde la fe ya flaqueaba.
Y fue así como un dia, como por casualidad, se sorprendió al preguntarse por qué andaba y andaba. Se paró en seco. Asustado. No recordaba qué hacía en ese lugar ni cómo se había adentrado en él ni hacia dónde se dirigía. Lloró por días. Angustiado se golpeó la frente con una gran piedra hasta hacer brotar su sangre incolora y sentir la humedad de un líquido caliente derramándose sobre su rostro.
Y fue así como tras mucho tiempo de estar tumbado se decidió por seguir su inercia hacia adelante. Pero en ese instante un terror sin fuerzas lo apabulló ante la duda de no reconocer dónde era adelante y dónde atrás. Y en su último instante humano de recordar palabras para pensar y entender lo único que le vino a la mente fue la duda de no saber si lo habían engañado o si se había perdido andando adelante y atrás durante tantos años. Y tras este último pensamiento, un sollozo. Y tras este la entrada del túnel con su paisaje gris vivible pero ahora inentendible para un ser como él. 

jueves, 3 de enero de 2019

Feliz Año Nuevo

Cumplir años el dia uno de enero siempre fue para él algo muy especial. Sincronizado con el tiempo establecido se sentía renacer cada inicio de año con la firme convicción de encauzar su vida hacia caminos más prósperos y felices. 
Desde que entró en los treinta cada noche de fin de año pedía como deseo despertarse al dia siguiente en su dieciocho cumpleaños pero con su consciencia y experiencia actuales. Ensoñaciones de pasar por los momentos pasados con la experiencia actual para revivir instantes, cambiar otros y aprovecharse de las ventajas de una mente adulta en un cuerpo y entorno adolescente en una época ya vivida y con un futuro conocido.
Su deseo llegaba vívido a los oídos de su ángel de la guarda, quien con árduo trabajo había mantenido mas o menos a salvo a su pupilo hasta el fin de año dónde iba a entrar por fin en la cuarentena.

Ismael Mellado despertó abrumado ese uno de enero. Una erección descomunal asomaba por la bragueta de su pijama y tras tocarse el miembro acorazado como no recordaba en años pudo escuchar la voz de su padre en la cocina , esa voz que por más de nueve años, el día que se despidieron ante el dispensador de morfina, no había vuelto a escuchar.
Cerró los ojos con fuerza para intentar atrapar ese sueño y la voz siguió, real, palpable, hasta el punto de abrirlos de nuevo y saberse despierto.
Un instante de pánico seguido de un agradecimiento infinito al universo. Retiró la colcha, abrió la luz y se iluminó al verse de nuevo en su habitación de antaño, con los pósters de París y New York, con las Martin’s tiradas por el suelo, su antigua cruzada encima de la silla, la carpeta de la universidad, el libro de Siddartha encima de la mesa y el paquete de Lucky en el suelo. Mentiría si dijese que no daba crédito a sus ojos. Sabía perfectamente lo que había ocurrido. Tantos años deseando y pidiendo. Tantas ensoñaciones de cómo podría ser revivir su vida con una mente de adulto. Tantos pedidos a su ángel desconocido y  por fin lo tenía. El dia de sus cuarenta años. La mañana en la que debía haberse adentrado en la madurez, pensar en tener pareja estable e hijos, comprarse por fin un piso o empezar un plan de jubilación,  se encontró en su vida de adolescente en sus primeros minutos de mayoría de edad.  
Su madre y hermanos no advirtieron la excesiva jovialidad con la que les dio los buenos dias. Su padre se emocionó muy disimuladamente, con un abrazo tan fuerte y un “te quiero” que no escuchaba desde hacía siglos por parte de su hijo menor. Y así empezó un nuevo año a caballo entre los dieciocho y los cuarenta inaugurando un 1992 repleto de novedades y expectativas, un año que sus conciudadanos esperaban desde hacía mucho tiempo con olímpicas ilusiones y en el que Ismael despertó sin apenas resaca y con mucha hambre de vivir, de ver a sus amigos, de recorrer la ciudad con su derby variant, de aplicar su mente experimentada a la vida cotidiana.
Y así transcurrieron esos primeros días y semanas. Un joven redescubriendo su historia con ojos de adulto, haciéndose el adolescente ante todos y reflexionando cada noche sobre como iba a encauzar su nueva vida con todo lo que ya sabía del futuro.
A menudo se preguntaba sobre si esa nueva vida iba a durar para siempre, si un dia iba a despertar de nuevo en su cuarentena o si bien iba a tener una nueva oportunidad de una vida entera en este nuevo universo. Sin pretender entender demasiado se debatía entre la  inercia de seguir su vida anterior y el deseo de abrirse nuevos caminos, más si cabe teniendo en cuenta su extrema ventaja de conocer de antemano el futuro de los acontecimientos del mundo.  Los  meses siguientes a su dieciochoavo aniversario los dedicó a disfrutar de su experimentada alma en un contexto de juventud. La vuelta a fumar hachís comprando al camello del barrio, el ligue -ahora sí, extremadamente fácil- con Eva, Marta i Mireia, aquellas chicas imposibles de la universidad que ahora se le antojaban tan fácilmente accesibles que no daba crédito al hecho de poder acariciar esos cuerpos antaño sólo imaginados en noches de insomnio y ahora reales, fundidos en él, rendidos a un discurso seductor, suave y engañoso mediante el que un cuarentón con cuerpo esbelto, fuerte y guapo  podía seducir sin compasión ni vergüenza a cualquier mujer que se le antojara, fuera universitaria o madura, tal como llevó a cabo con Rosa, su profesora de macroeconomia, sueño imposible de todos los alumnos de económicas, a la que sedujo en un par de tutorías y convenció para que le invitara a catar su cuerpo conservado en clases de fitness.
Con el tiempo se fue convirtiendo en un joven gurú de las finanzas invirtiendo sorprendentemente en nuevas empresas extrangeras vinculadas a la nueva era de internet. Con una cuenta bancaria inimaginable dedicó sus años de veinteañero a viajar por el mundo tomando todo aquello que se le antojaba, seduciendo mujeres sin piedad, tomando todas las drogas, fundiéndose en todos los pecados, libre, sin mas ley que su conciencia, sin mayor límite que el desconocimiento de si iba a terminar su vida actual o iba a regresar a la anterior, sin miedo, sin vergüenza. Enamorándose y desenamorándose límpiamente, con clase. Y así fue como Ismael se adentró en los treinta; algo aburrido de años de descontrol pero aún emocionado en su extrema y total libertad. Fue entonces cuando decidió sentar la cabeza y establecerse por un tiempo. Decidió crearse su refugio particular en una isla paradisíaca brasileña que logró comprarse gracias a las ganancias de su participación en las acciones de Ebay. Allí estableció su cuartel general, plagado de bellas mujeres, sirvientes, supuestos amigos, gestores de sus negocios, famosos de visita y otros tantos farsantes. Fue allí donde se enamoró de Isabel, joven oriunda de la isla, con la que tuvo dos hijos antes que una siniestra ola atlántica se la llevara para siempre en una mañana de surf extremo.
Fue allí donde se acostó, drogado, la noche del treinta y uno de enero en la que se iba a despertar al dia siguiente con cuarenta años. Y fue exactamente allí el lugar y tiempo  en el que no despertó, volviendo de nuevo a un lejano año olímpico con la voz vespertina de su padre gritando desde la cocina, voz que no había vuelto a escuchar desde la extraña noche en que se despidieron envueltos en un halo de morfina.

Y fue así como Ismael Mellado inició de nuevo su periplo de universitario experimentado, en una nueva oportunidad regalada para disfrutar y ser feliz en un nuevo universo repetido.  Y recordando vidas y eventos pasados se dedicó de nuevo a los placeres de la vida, rico, mujeriego, alcohólico y drogadicto. Con menos miedos y más riesgos. Con más énfasis en el disfrute del momento, con la búsqueda brutal de la emoción desconocida, desmontando tabús, disfrutando de su estancia repleta de fastuosos extremos, pasó de nuevo por una vida entera esperando a las próximas, que fueron repitiéndose sin cesar, una a una hasta la saciedad, comprobando todos los extremos de la vida humana, viviendo ahora en la opulencia, ahora en la extrema pobreza, como supuesto empresario visionario, escritor famoso de libros robados al futuro, viajante desconocido en países remotos, creador suntuoso de arte, tendero de barrio, colaborador silencioso en organizaciones sociales, líder de novedosas ongs, padre ejemplar y discreto abogado, soldado por la libertad, terrorista por la justicia, actor de telenovelas mexicanas, agitador social en Rusia, vagabundo en su ciudad y en tantas otras, poeta perdido en Melbourne, aprendiz de santo en Cuba, campeón de futbolin, periodista deportivo locuaz en Barcelona, adorador de Gauguin en su isla sagrada.

Un sinfín de vidas posibles, regadas en el conocimiento del futuro, aburridas tras centenares de posibilidades.
Aturdido por la enormidad de los recuerdos, Ismael había perdido la referencia de su esencia, de su vida primigenia y sólo anhelaba ya envejecer  y morir. Deseaba cada vez con mayor ahínco poder terminar su vida o tal vez alguna de ellas. Pero parecía no ser posible. Inclusive sus repetidos intentos de quitarse la vida llevaban siempre a un nuevo amanecer adolescente del que no podia escapar. 
Resignado a una infinidad de existencias se decidió por centrarse sólo en un camino y repetirlo hasta la saciedad para perfeccionarlo una vez tras otra. Asi fue que empezó por copiar con la mayor aproximación que recordaba su vida original, mejorándola una vez tras otra, desarrollando valores, acciones y actitudes superadoras de las anteriores. Asi fue como se casó con Rosa y tuvo dos preciosos niños y ejerció de brillante gestor de una cooperativa aceitunera, cuidando de su família, favoreciendo a su entorno.
Así fue como se casó con Rosa y tuvo los mismos niños, ejerció de profesor de primaria, cuidando de su família, favoreciendo a su entorno, posicionándose como actor social en pos de la justicia, apostando por el amor como herramienta esencial en el mundo y finalmente despertando un uno de enero con la voz de su hijo mayor diciéndole al oído “papa, buenos días, te quiero”.

domingo, 28 de octubre de 2018

De ligue en Donosti

IR
El tipo de la mesa de enfrente no deja de repetir a su preciosa compañera que la inspiración existe pero hay que buscarla en el duro trabajo. Se lo repite una y otra vez como aleccionándola. Ella, de vez en cuando, coge la copa de vino con una delicadeza extrema y sin llegar a beber le dedica una leve sonrisa que no va más allá de una aprobación sumisa. Ignoro si aquella hermosa criatura reconoce en la conversación la célebre cita de Picasso aunque intuyo que no. 
El camarero me sirve una espléndida ensalada de queso de cabra justo en el instante en que ella se levanta supongo que para ir al baño. Puedo observarla detenidamente en toda su espectacularidad: vestido ceñido de color azul que muestra su figura perfecta, ni demasiado esbelta ni entrada en carnes que denoten bultos allá donde no debería haber; busto sobresaliente capaz de hipnotizar la mirada del camarero de la barra; morena latina de labios carnosos y ojos color miel que miran con suavidad y se mueven con lentitud; un movimiento de caderas sensual sin llegar a la ordinariez. Una mujer que transmite y provoca deseo inmediato. Pasa por mi lado y me roza con el brazo. Puedo oler un perfume exquisito y sutil que la rodea. Me estremezco mientras la sigo con la mirada disimuladamente notando que el resto de hombres del local también han quedado prendados por unos segundos de esa imagen.

Antes de dejar volar mi imaginación lasciva me digo a mi mismo que, aunque soltero treintañero de buen ver, ya no me apetece procurarme aventuras esporádicas que me alimenten el ego. Se trata de un pensamiento repetido hasta la extenuación especialmente en este último año en que se me han presentado sin pretenderlo demasiado unos cuantos escarceos a los que no pude negarme.

Antes que la hermosa chica vuelva a la mesa observo a su acompañante. Hombre de unos cuarenta y pico. Vestido al estilo hipster sobrevenido que da a entender una cierta inseguridad. Por lo menos no lleva barba. Bastante atractivo aunque creo que pierde por sus movimientos constantes y algo intranquilos.
Juego con mi imaginación tratando de pensar en la relación entre ambos. Por los pedazos de conversación que puedo escuchar y por las miradas y movimientos del cuerpo creo que se trata de una relación profesional dónde él tal vez  sea el jefe o bien un compañero adelantado que ha quedado con ella para orientarla y ayudarla con el fin último en mente de cepillársela a media tarde. Es evidente que nunca han intimado sexualmente. Eso se notaría claramente. Tampoco son amigos normales; las miradas elocuentes y la intranquilidad del sujeto lo demuestran con claridad. Él tiene en mente llevársela a la cama. De eso no me cabe duda.

Ensimismado en todo ello doy cuenta de mi sabrosa ensalada mientras sigo atentamente el movimiento circular de ese espléndido trasero al aposentarse de nuevo en la silla que deja entrever la gratitud desmesurada de unas nalgas trabajadas en el gimnasio al nuevo estilo importado de sudamérica. Bendita moda.
Afinando vista y oído me afano en espiar a la pareja sin tapujos. Quiero saber de sus vidas. Pretendo enterarme de quiénes son y que se traen entre manos. Tal vez en el fondo disfrutaría echando a perder el plan que el hombre se construyó. Me pregunto si tendré lo que hay que tener para intentar hacer saltar por los aires el programa del hipster cuarentón y me respondo que sí. Más bien no me respondo; me apremio. Hay algo en mi interior que me obliga a desbaratar la jugada de Asier(así se llama) para con Lucy (así la llama él para mi desconsuelo al reconocer un nombre algo sobado en el ambiente puteril, supongo).

El chuletón que me sirven me desconcierta durante unos segundos sugiriéndome que la cocina vasca es insuperable aún en lugares de su mínima expresión. Bebo enérgicamente un buen sorbo del Marqués de Riscal y sin tapujos me dirijo a Lucy para alertarla que tiene el bolso abierto; nunca se sabe. Ella me agradece el favor y me dedica una sonrisa afectuosa que respondo con una mirada de matador amateur que resulta ser punzante al darme cuenta de los segundos eternos en que nos cruzamos las miradas. Asier me da las gracias de manera obligada aunque ambos sabemos con total certeza que acaba de empezar una lucha de machos cabríos hambrientos. El tipo no es tonto y de soslayo me observa con cierta rabia contenida, esa que los hombres en fase de cacería entendemos perfectamente aunque obviamos con sutileza. 

El camarero mirón sostiene una hermosa bandeja con unos magníficos postres mientras sonríe a Lucy con expresión estúpida. Le sirve amorosamente la tarta de frutas ante el desagrado evidente de Asier y percibo que la muchacha gusta de dejarse agasajar por el género masculino aunque se trate de un espécimen algo maltrecho. Cuando Lucy agradece con una leve sonrisa la amabilidad del empleado nos cruzamos la mirada brevemente, espacio eterno en el que me da tiempo de levantar mi copa de vino para brindar con ella dedicándole un gesto amable en el que, primero sorprendida y después halagada, me responde con un "salud" acompañado de una sonrisa ilusionante que dura más tiempo del debidamente reglamentario en las leyes sociales. Es entonces cuando percibo claramente que tengo posibilidades reales de desbaratar el plan de Asier. Y él, atento, percibe la situación y empieza a sentirse algo incómodo. Lo percibo en sus movimientos cada vez más intranquilos y en las miradas cargadas de odio que me dedica. Pero yo sigo a lo mío. Esa criatura perfecta me sentaría a la perfección bajo mi cuerpo de treintañero en forma, o tal vez encima, o de lado. Sin embargo y pese a mis tics lascivos mi objetivo prioritario no es llevármela a la cama. Aunque bien mirado si se tratara de un efecto colateral yo me mostraría perfectamente dispuesto. Pero no se trata de sexo. Al menos ahora. Se trata de Asier y yo. Ambos ya intuimos el enfrentamiento y las recientes prisas del guapetón para ir saliendo del restaurante no consiguen el efecto deseado en Lucy que se va pidiendo cafés y chupitos tras los postres.

Ante el desconcierto del fornido donostiarra ella parece sentirse algo aliviada (supongo que los chupitos y el vino también ayudan) y sus palabras cada vez resuenan más altas. Su conversación ahora se orienta -hábilmente conducida por Asier- hacia las experiencias amorosas de ambos haciendo énfasis especial en todos aquellos hombres que han pretendido aprovecharse de ella, de su inocencia y candidez, y por los que se ha sentido traicionada, ha sufrido y llorado. Asier como es debido explica sus andanzas de hombre bueno y sensible, supuestamente acongojado por el trato brutal que otros hombres han conferido a Lucy, destacando sus virtudes de macho comprensivo para con las necesidades más primarias de las mujeres y recalcando la virtud del afecto y la compresión por encima de todos los valores. No puedo evitar sonrojarme y reírme interiormente al reconocer en él a miles de hombres apuestos soltando el mismo discurso naïf desde su zona testicular. Me río con tal brío que Lucy acaba girándose hacia mí, extrañada en principio aunque comprendiendo en breves segundos. Asier levanta la cabeza y me dedica una mirada de matón que me corta un poco, pero no lo suficiente. Más bien me envalentona para levantarme de mi silla y dirigirme hacia ellos para decirles que sin querer estoy escuchando toda su conversación, que pido mil disculpas, aunque me encuentro en el derecho y obligación de avisarles que la búsqueda sexual nunca es un buen sucedáneo del amor, afecto y felicidad; que deberían conectar de manera distinta, como casual y espontánea, observando el uno en el otro características y aspectos que cada uno ama, palabras, miradas y movimientos espontáneos que desembocan en deseo y ardor inesperado, que conducen sin haberlo planificado a una unión profunda que puede durar quince minutos o toda la vida pero que se sabe valiente, honda y a menudo insondable.

Ante mi provocación el hombre hipster hace ademán de levantarse de la silla, malhumorado y obcecado en su proyecto pero Lucy lo frena sutilmente con su mano derecha sin despegar su mirada clavada en mis ojos y ahora sí, lanzando mensajes corporales directos a mi persona que me acaban de dar la seguridad absoluta para sugerirle a Asier que sería mejor que empleara esa tarde para avanzar en otros proyectos distintos que no incluyeran como objeto a la joven peruana puesto que dicha mujer tiene necesidades vitales que él no puede atender por ahora.
Herido al ver que Lucy me toma la mano y sonríe con cierta connivencia se levanta y me dedica algunas duras palabras relativas a mi intromisión en una conversación ajena a lo que ella responde rápidamente con una invitación a marcharse del lugar si no sabe "comportarse". Al fin me siento algo conmovido cuando observo que Asier abandona atropelladamente el lugar con un principio de lloro masculino aunque eso no me frena en mi propósito último de llevarme a Lucy a la cama, hecho heroico que va a acontecer brillantemente - creo- previo pago de doscientos euros. 

jueves, 13 de septiembre de 2018

Tangente


Proyectado en el largo caminar en el que ambos andan en paralelo desde hace años, él sigue con una fe ciega en la teoría matemática que asegura que las líneas paralelas se encuentran en el infinito. Por ello no ceja en su empeño de acompañar sin desfallecimiento a su compañera de vida, mirándola de reojo cuando esta se aleja un poco, dándole la mano cuando la precisa o acercándose con desesperación a menudo para intentar lo que ya hace años persigue, fundirse de nuevo en la única línea que fueron en el pasado. Como buen matemático que es no concibe cómo ha sido posible que un par de líneas sinuosas, juguetonas y entrelazadas se hayan convertido en dos paralelas que pese a estar cercanas y visibles no puedan juntarse en ningún punto sino más allá del universo. Se dice a sí mismo que resulta imposible matemáticamente que hayan tomado este camino maldito y ecuación tras ecuación no consigue resolver el misterio. Años de tristeza e incomprensión ante un fenómeno físicamente imposible, atenazando su alma en un halo de desesperación, queriendo con todas sus fuerzas resolver el enigma, sintiendo esa atracción tan potente que le mantiene unido a ella, de manera mágica, antinatural, que no responde a lógica humana posible pero que existe en el caminar de cada dia.
Y así van pasando los meses, los años, transitando por todos los extraños parajes previos al punto infinito, se dice él, sintiendo ambos esa mágica fuerza ¿imaginaria? Que no los aleja más que unos escasos metros y que les permite mirarse largamente a los ojos por espacios de tiempo indeterminado en los que la casualidad de las pupilas los atrapa y se hablan y se animan y se cuentan que ya falta menos para llegar al infinito. Pero hoy él ha hecho un descubrimiento esencial tras semanas de observar como centímetro a centímetro ella iba alejándose de manera casi imperceptible. Tras repetir cien veces una ecuación, entre sollozos de su alma, ha sentido un dolor insoportable; una punzada tan macabra y obscena que lo ha fulminado y dejado tendido en el suelo inmóvil. Ella, unos pasos por delante, se ha detenido y lo ha animado a levantarse. ¿Qué ocurre?, le pregunta algo asustada. Levántate que ya queda menos para el infinito, seguro que estará allí tras esas montañas, le ha animado. Pero él no ha conseguido escucharla. Sólo ha podido levantar un brazo y despedirse sin fuerzas sintiéndose arder entero. Sabe que ella no es una línea paralela sino una curva tangente que lo ha acompañado durante muchos años, que se le apareció de repente en su recto andar y que ahora inexorablemente tras media vida de compañía cumple con su cometido curvo e irá alejándose indefectiblemente, sin mirar atrás buscando su propio infinito. Ella no lo sabe y se apena también aunque la fuerza que la mueve la orienta a andar más y más rápido una vez se siente más liberada de la fuerza gravitatoria de su compañero. Sin embargo nuestra línea recta ha llegado a su punto B, su final de trayecto desde A. Sabe que la fuerza de su línea tangente estará siempre tan presente y tan magnéticamente cargada que no puede avanzar ni un paso más si ella se aleja. Su corazón y la física se lo impiden. Se quedará allí parado atrapado en el último influjo de magnetismo de ella, justo en aquél punto en el que las fuerzas gravitatorias de ambos se desequilibraron para liberar a uno y para detener para siempre al otro.